domingo, julio 18

Te amo. Yo también.

Siete del siete, siete y diecisiete. Nieva en la provincia de Salta. Overtura en do menor por la sinfónica de la ciudad de Madrid. La temperatura en la ciudad de Buenos Aires de un grado bajo con probabilidades de heladas por la tarde noche. La televisión digital permite ver fascinantes películas sin cortes ni interrupciones. Una familia que se ausenta de a uno en uno. El que más le importa almuerza a su lado en silencio. La televisión digital permite ver películas sin cortes profundos, sin nada que interrumpir. Hasta Acoyte y Ribadavia. Con memoria, funda y trípode; cualquier cosita tenés cuarenta y ocho horas hábiles. Sí, anda. Las baterías se venden por separado. Cerca del centro, con televisión por cable y reproductor de discos de video; vajilla completa, con anafe, vista al río, sin ganas, más o menos lo que quiero yo y más o menos lo que querés vos con probabilidades de que no salga perfecto, porque hago lo que puedo. Cansado de escuchar que está cansada de escucharlo decir que quiere lo mejor para ella, cansado de escuchar la misma pregunta que hizo como respuesta. Al Pacino tiene facha. Hermosa, es hermosa dijo la tía y la madre agregó: y es de buena. Yo tengo ganas de tomar, todos lo hacen menos nosotros, yo tengo ganas de tomar, vos me podes cuidar. Sí, las traje. Hasta Gutemberg al trecientos. Tomá rápido. Necesitaba un poco más de chamuyo. Re locos, re. Escobas de (agua) mi vela puerca, (agua) hoy tranquilo y José sabía (Pepsi). Comprá una coca y lo comemos mita’ cada uno. El sillón azul, el camino más largo y la caminata del muro en vez de la llanura de los cartoneros y el atajo. Todo sea por tu segurida’. Pensá lo que querés y decímelo. Pero decime, pero de verdad. Es tu familia, es tu cara de orto, es tu decisión. Hasta Gaona y Fragata Sarmiento. Todos juegan, con y sin puntito. Deudas de sangre. ¿Qué tenés ganas de hacer? No, no te quiero decir lo que yo tengo ganas, quiero saber lo que vos querés. No nena, ¿no entendés?, ¿qué soy un rompe pelotas? Hasta Avellaneda y Gavilán. Vas a querer dormir en tu cama, de última si tenemos más ganas, vemos. No tengo los huevos ni para matarme. Ahora yo ya soy otro, al revés. Si, si, mejor dejemos de hablar de esto. Algo porqué vivir y un psicólogo para preguntarle cómo. Le mintió, caminó bajo la lluvia cómo lo habría querido desde siempre, pensando.

Y un paso en falso nunca fue tan verdadero, y el cuerpo lleno de vida cayó al vacío.

Lo escribí para vos, para que no se olvide, para que si alguna vez te preguntas si hiciste bien en decir las cosas que pensabas lo leas y te puedas decir: le dije lo que pensaba, siempre quise lo mejor para él.

miércoles, julio 14

Aprender Aladelta.

Siempre que no puedo algo recuro a la escritura. ¿Será por esto que ella se queda con la peor parte de mí? ¿Alguna vez escribí porque me sentía contento? Sinceramente no lo creo. Creo que me volqué en las palabras porque son ellas mismas las únicas que pueden mantener la exacta síntesis de mis ideas de agua que, valla uno a saber porqué, chocan contra la tapa de los sesos y de allí en directa picada a mis dedos; siempre esclavos dispuestos a eliminar, catarsis mediante, aquello por lo cual ni el más mínimo porcentaje de culpa tienen. ¡Y cómo funcionan!, sin ellos me volvería ciego de mi mismo, sordo de mis ideas, mudo de mis reclamos e in-táctil de vos, suave pétalo frágil de vos misma.

Reducto de mina más linda del mundo...(pero no ella)

Tenía algo que hacer, tenía cómplices, una sólida coartada, móviles de sobra e inesperados aliados. Tenía la determinación y el tempre necesario, el pulso de un cirujano, los pasajes, el nombre falso y el contacto en el exterior. Tenía un excelente abogado. Tenía lo que cualquiera en su situación podría necesitar, pero en la puerta de la heladera había doce espacios vacios.

Reprimenda de uno diez con bajada de bandera

Para esos tacheros forros, que van despacio cuando llegás tarde o vuelan por la ciudad putendo a todo peaton, deveríamos: hacerlos viajar en la parte de atrás del un bondi con un cartel identificatorio repondiendo todas las preguntas de los pasajeros con dudas.
Desde que aquí, no queremos taxistas al volante de un bus.
Ahora, para los choferes de máquias expendedoras, el peor castigo, lidiar con ellos mismo, manejar un taxi.

Para la mina más linda y menos mala con que me besuquié

Hola-
Holandés- contestó el de al lado. Se suponía que fuese de las cuatro reuniones más inmediatamente mandadas a hacer, pero en la puerta de la heladera había doce espacios vacios. Y todos sabían ya quién era el de la sonrisa sin temple.