miércoles, julio 14

Aprender Aladelta.

Siempre que no puedo algo recuro a la escritura. ¿Será por esto que ella se queda con la peor parte de mí? ¿Alguna vez escribí porque me sentía contento? Sinceramente no lo creo. Creo que me volqué en las palabras porque son ellas mismas las únicas que pueden mantener la exacta síntesis de mis ideas de agua que, valla uno a saber porqué, chocan contra la tapa de los sesos y de allí en directa picada a mis dedos; siempre esclavos dispuestos a eliminar, catarsis mediante, aquello por lo cual ni el más mínimo porcentaje de culpa tienen. ¡Y cómo funcionan!, sin ellos me volvería ciego de mi mismo, sordo de mis ideas, mudo de mis reclamos e in-táctil de vos, suave pétalo frágil de vos misma.

Reducto de mina más linda del mundo...(pero no ella)

Tenía algo que hacer, tenía cómplices, una sólida coartada, móviles de sobra e inesperados aliados. Tenía la determinación y el tempre necesario, el pulso de un cirujano, los pasajes, el nombre falso y el contacto en el exterior. Tenía un excelente abogado. Tenía lo que cualquiera en su situación podría necesitar, pero en la puerta de la heladera había doce espacios vacios.

Reprimenda de uno diez con bajada de bandera

Para esos tacheros forros, que van despacio cuando llegás tarde o vuelan por la ciudad putendo a todo peaton, deveríamos: hacerlos viajar en la parte de atrás del un bondi con un cartel identificatorio repondiendo todas las preguntas de los pasajeros con dudas.
Desde que aquí, no queremos taxistas al volante de un bus.
Ahora, para los choferes de máquias expendedoras, el peor castigo, lidiar con ellos mismo, manejar un taxi.

Para la mina más linda y menos mala con que me besuquié

Hola-
Holandés- contestó el de al lado. Se suponía que fuese de las cuatro reuniones más inmediatamente mandadas a hacer, pero en la puerta de la heladera había doce espacios vacios. Y todos sabían ya quién era el de la sonrisa sin temple.