lunes, diciembre 12

El lado incomodo de la almohada

Lleno de decepción como cuando uno golpea la puerta del bondi y ve que en el medio hay lugar. Como cuando sube un abuelo cansado y no pasa nada, ingnorancia total. Lleno de furia porque la yuta deja salir a lo chorritos del subte. De puro odio que absorbe el no sueño de los la laburantes que duermen poco para el dueño de las torres que construyen, de las fabricas que manejan y de las calles que emparejan. Todo ese sueño robado va a parar al lado incómodo, junto con la idea de que hay gente que no puede dormir de hambre, que quizá no tiene almohada, esa idea deja pasar a la idea de que toda África se caga de hambre mientras todo el mundo mira, como cuando vos sos el de abajo el bondi y todos los de arriba te miran y no entienden que vos tmb tenes horarios. Así se siente ese lado, como ver un portero intentando barrer una hoja seca con una manguera, por dios, ahí aparece África de nuevo pero por el agua y lo mas triste es: Viajar un par de cientos de quilómetros para ver lindos paisajes y no darle bola al hambre que ves desde de el sur hasta el Chaco. El lado incómodo es como la vereda del congreso, es incómodo como saber que adentro hay una importante cantidad de inútiles faloperos tomando decisiones que obedecen a una ley tan vieja que da gracia, ley que en vez de cambiar se ocupan de modificar de a poco, con su léxico elitista, enfermizo y poco realista.


Lo mandé del iphone

el lado cómodo de la almohada

la energía estaba bastante cruzada la tarde en que explotó el garaje de mi vecino. Lo habíamos sentido antes, desde antes, pero se sentía un vibrar distinto. Muchas visitas, algunas caras largas, pero todo contentos, entre mates y facturas cuando tembló la casa. Yo que estaba en la ventana escuché un grito, todavía no tengo que hacer mucho esfuerzo para volver a escucharlo. Sentí que alguien había enchufado un bajo a un amplificador grande como un camión o que se había caído un volquete que estaban subiendo a un cuarto piso. El corazón lo sintió, el mio y el de todos, pero yo estaba en la ventana y yo vi volar tres hojas de portón de garaje por el aire y un hombre de fuego corriendo por la calle. Después, la policía, la ambulancia, los bomberos, todos hasta las nueve y media de la noche, por acá por el barrio. Todo iluminado de ese rojo que dice "mirá lo que pasó acá, ojo en tu casa" y el azul que dice "no te hagas el pillo que estamos acá" y el verde que dice "vine lo mas rápido que pude, no se si es suficiente".
Estábamos reunidos en casa porque mi little sister se va a los estados unidos y es un sensación de despegue, de que ahora le toca a ella, y de que sí, definitivamente la vamos a extrañar. Y hablo en plural porque no hablo sólo de mi, ni de mis otros yo, sino de todos y de todos sus otros yo, que siempre pero siempre necesitan de una Eugenia cerca.-