la energía estaba bastante cruzada la tarde en que explotó el garaje de mi vecino. Lo habíamos sentido antes, desde antes, pero se sentía un vibrar distinto. Muchas visitas, algunas caras largas, pero todo contentos, entre mates y facturas cuando tembló la casa. Yo que estaba en la ventana escuché un grito, todavía no tengo que hacer mucho esfuerzo para volver a escucharlo. Sentí que alguien había enchufado un bajo a un amplificador grande como un camión o que se había caído un volquete que estaban subiendo a un cuarto piso. El corazón lo sintió, el mio y el de todos, pero yo estaba en la ventana y yo vi volar tres hojas de portón de garaje por el aire y un hombre de fuego corriendo por la calle. Después, la policía, la ambulancia, los bomberos, todos hasta las nueve y media de la noche, por acá por el barrio. Todo iluminado de ese rojo que dice "mirá lo que pasó acá, ojo en tu casa" y el azul que dice "no te hagas el pillo que estamos acá" y el verde que dice "vine lo mas rápido que pude, no se si es suficiente".
Estábamos reunidos en casa porque mi little sister se va a los estados unidos y es un sensación de despegue, de que ahora le toca a ella, y de que sí, definitivamente la vamos a extrañar. Y hablo en plural porque no hablo sólo de mi, ni de mis otros yo, sino de todos y de todos sus otros yo, que siempre pero siempre necesitan de una Eugenia cerca.-