domingo, mayo 16

I got a feeling

A veces no entiendo, quiero no entender pero lo hago, cómo es que me seguís hablando, y ahora leyendo, leer a alguien es conocerlo diferente. Y por ello estoy agradecido. Gracias por leerme y confiar en estos dedos pulsadores de teclitas para, espero y puedan, cambiar el mundo.

Estoy escribiendo en el subte, antes en el bondi, en el andén, parado y contra un vidrio

Este sueño tenía un principio, quizá mañana cuando me despierte haya vuelto. Acurrucado entre unas macetas grandes, en la oscuridad total de mi cabeza, me sentía perseguido y perseguido estaba. De repente empezaron a sumarse niños y niñas también, algunas caras conocidas del pasado. Había de los otros, esos que no se pueden recordar, pero cada vez llegaban más de todos lados, los miraba rogándoles que no hicieran ruido alguno, alguien nos perseguía y podríamos pasarla realmente mal si nos encontraban. Ya superaban, muy tranquilos, las quince personas, y con cada nuevo refugiado aumentaba la presión en mi cabeza, ¡nos iban a ver!, necesitábamos salir de ahí. Como si la hubiese llamado, él o ella, esta persona apareció montando una bicicleta y tras corte de cámara estábamos pedaleando sobre una superficie de césped oscuro, húmedo y brillante por el rocío, iluminados por unos reflectores encandilantes que nunca llegué a ver. En una porción de pileta que tenía guardada en la mente, cuando íbamos al country apareció, él o ella, y me explicó sin palabras que abajo estaban los malos, su laboratorio, su guarida. Bajé tembloroso y rápido, pero ya escuchaba sus ruidos, estaban llegando; me metí como un loco a un cubo que allí había, no si antes echar una mirada panorámica. Había gente congelada. Controlé la respiración mientras prendían las luces y un baldazo de agua helada con hielos se esparció por mi espalda. Me trataron como un igual, pero pronto se darían cuenta, mis labios no estaban lo suficientemente violetas.

La música es:

La otra noche caminaba por ahí, fortuito e insoportable, escuchando de mi propia caja de sorpresas me tropecé con un farol, un farol que andaba por ahí. Hablando de todo un poco me preguntó cuáles de las cosas que traía masticando en la cabeza eran realmente importantes y cuáles no, yo, ante tal pregunta me detuve en seco, esperando una repetición y entonces un trueno sonó a lo lejos, se cuarteó el cielo y como hijo de marino que soy lo noté de inmediato. Este farol también sabía lo de las comas, si no porqué se hubiera tomado la molestia de acercarse, interceptar mi caminata, detenerme cordialmente, esperar que mi asombro se vaya y preguntar lo que preguntó.