viernes, agosto 13

Ana's

1) verbo-

2) adverbio de lugar-

3) sustantivo-

4) verbo-

5) preposición-

6) Adverbio de cantidad-

7) adjetivo-

8) adverbio de negación-

9) pronombre indefinido-

10) preposición-

11) pronombre posesivo-

12) artículo-

13) pronombre personal-

14) verbo-

15) adverbio de duda-

Navegamos día y noche, yendo siempre al norte, su padre había dicho: “mirar al norte es mirar con porte”. Dentro del bote se podían encontrar cajas y cajas podridas por fuera, pero fuertemente cerradas, cada una con un cartel sin nombre. Bravo, sí, recontra bravo estaba el mar aquella tarde, hacía trece días de la partida y sólo el primero había demostrado compasión. Cenamos en la proa, la garúa molestaba un poco, pero nos pusimos de acuerdo en tomar la sopa del pico de la botella. Con Ángela eran así sierre, tratábamos de pasarla lo mejor posible, siempre; había cambiado mucho desde que recibió el testamento a principios de julio. Nada, ni una sola boludez se compró y yo que pensaba, mientras leíamos juntos la carta, que tendía que hacerla entrar en razón sobre cómo y en qué invertir la plata.

- Podrida, re podrida estoy de estas cajas podridas- salió gritando al otro día, yo tomaba la sopa de ayer con ojo puesto en ella y otro en la boya, y la escuché reírse de su verso y le dije que escribiera que algo le iba a salir.

- No me jodas con eso de escribir, si a vos te gusta, hacelo vos- le dijo a mi nuca, y sin sacar la mirada de la boya pensé que responderle hasta que dijo:- si me dejas pescar con vos después escribimos juntos, no mejor…mejor yo pesco y vos escribí y lo lees hoy mientras cenamos, hoy cenamos comida.

Cualquiera hubiera dicho que enloqueció derepente, y así como dijo pescado escuche un chapuzón a mis espaldas y dí un salto para ir tras ella; estaba desatándome las zapatillas con una mano y sacándome el buzo con la otra cuando escuché las gotas en la cubierta, y yo agitado por su caída y ella ahora enfrente mío chorreando agua salada con la ropa pegada al cuerpo y dos pescados en la red. Según su padre la isla que aparecía en el contrato de herencia, esa desde la que tantas cartas había enviado, tantas cartas todas hacia ella; todavía me acuerdo cuando puso mi nombre en una. Mía y solamente mía era la responsabilidad de llevar a Ángela a su isla. El clima ayudaba, el día numero catorce estaba por terminar, el olorcito a pescado cocinándose hacía crecer una burbuja e hambre en mi estómago. Ella, con las manos llenas de sangre y escamas dijo para sus adentros, ese “ya casi no nos queda agua” hizo explotar la burbuja. “Morir en ese barquito lleno de sal y cajas y sal no es una opción” pensé. Talvez en las cajas…-“¿Ángela, linda, que hay en las cajas, las abrimos antes de comer?-.

1 comentario:

Me reservo el derecho a decir lo que deambula por los pasillos de mi mente mismo que antes de doblar tienen una ventana que da a la calle.