viernes, enero 29

dmndia (.)

Inventar ya no le gustaba tanto, ahora mil inventos, luego descartaba aquellos que tuvieran una demanda monetaria tan alta como el departamento que había heredado años atrás. En este caso, y por la impactante parecencia femenina en mi vida desde haca tan poco tiempo, era una ella, ahora mostraré porqué.
La "cabeza plana" de los Fratelis se hacía en su casa taller, había llegado una mañana fresca acompañada de 3 valijas y una fina lluvia color lágrimas. Encontró que los bichos, amos y señores,habían colmado todos los huecos y rincones posibles. Se habían agrupado por especie en la cocina, por color en el baño, y por tamaño en la terraza, mientras que el living y el patiecito era tierra de, mayormente, canarios y murciélagos. A ninguno le había constado entrar, un árbol inmenso que nacía metros de la puerta, dominaba la cuadra y desde un cierto ángulo podía decirse que unía todos los demás arbolitos, cuidándolos. Este árbol no era muy diferente a cualquier árbol que imaginemos crecer en las apretadas baldosas de la cuidad. Tenía su propio macetero. En este macetero se sentó aquella mañana de tiempo pausado a llorar un poco. No tenía hambre, tal vez sueño, un poco sucia pero con la ropa negra nadie lo notaría, el vuelo fue mentalmente agotador y le hubiera gustado contar con, simplemente, alguien a quien poder hablar con confianza; y es que después de un llamado del sanatorio, unas palabras con el dueño del velatorio, un arreglo de números con la señora de la funeraria, una catarata de lágrimas sobre el cajón más lindo que había podido comprar, una confesión al cura, quién insistía en terminar la oración sobre la paz del otro mundo, el llamado fallido a sus hermanos y finalmente el encuentro con el escribano habían terminado de atar con fuerza de olvido una etapa que hubiera no tener que vivir. No había hablado con el jardinero,y mientras veía familias enteras fusionarse en un abrazo que envidiaba lo más sanamente posible, quiso dejarlo allí, miles de desconocidos intentarían contactarla, mujer era ahora, que daba la inspiración (.) nutrida, las cenizas en el árbol, disparadores y sus hojas los inventos.

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Me reservo el derecho a decir lo que deambula por los pasillos de mi mente mismo que antes de doblar tienen una ventana que da a la calle.