viernes, octubre 22

Ventana

Resulta poco más que normal que nosotros, los vidrios, tengamos un recelo ancestral para con nuestro “primos” los espejos. Parece que al espejo se lo trata de enaltecer, se lo ha estado comprado, su ha comprado su resultado mediante marcos y estanterías y formas y dimensiones y variaciones angulares de las más vanguardistas.
Los hombres han intentado complacerlos desde nuestra invención a mano sagrada de los fenicios, amigos del alma, que nos llevaron a conocer el mundo al darle la vuelta y nos enseñaron la importancia de que aún rotos tenemos más que dar que sólo astillas asesinas y dolores profundos.
¡Espejos! Los maldigo por ser virus del narcisismo animal que cosecha ceguera.
¡Vidrios!, hermanos fríos y realistas, oigan con atención estas palabras y óiganlas bien, porque este es el día, el último día en que los hombres se verán a si mismos y otros como ellos en tan preciado reflejo.
¡Vidrios, declaro la guerra a los espejos! ¡De Ahora y para siempre!

Fin del comunicado

1 comentario:

  1. Por las ventanas se percibe el mundo. No es necesario la guerra, el vidrio corre con la ventaja de ver llegar al enemigo. Y al amigo también.

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Me reservo el derecho a decir lo que deambula por los pasillos de mi mente mismo que antes de doblar tienen una ventana que da a la calle.