lunes, enero 25

Bola de lomo

Si yo estuviera muerto y esto que acabás de escribir fuera una de las pocas notas que adornase mi tumba. Mientras mi cuerpo sigue tibio debajo, todos arriba regando el nuevo hogar del ultimo adiós. En ese momento alguien poco bulgar y de aspecto sajón, al tiempo que seca su sal, pensaría en que afortunado fui que, teniendo numerosos familiares y amigos, hizo falta sólo para que todos los solos se sientan llorados.
Te encontré, pues tenía que hacerlo y es que el amor de amigos es tan raro que, pretendiendo ahora mismo en este calentito 44, pasando toscamente por donde el anterior párrafo lo hace, describirlo es tan o más difícil que responder si de este mundo somos obra de alguien o monos vestidos hablando.

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Me reservo el derecho a decir lo que deambula por los pasillos de mi mente mismo que antes de doblar tienen una ventana que da a la calle.